Mostrando entradas con la etiqueta CUBO 2: Envases narrados.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUBO 2: Envases narrados.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de febrero de 2016

UN CRIMEN CON REGUSTO

Subir de nuevo a la habitación por donde había entrado y escapar por la ventana. Ése era el plan, como siempre. Enfiló las escaleras con las uñas curvas y pegajosas y la celeridad de quien ya se sabe descubierto. Cuando llegó al alféizar las pupilas, en alerta, miraron el rastro rojo de sus propias huellas. Ningún signo de arrepentimiento. Sólo una especie de sonrisa enmarcada por un delicado bigote. Saboreó, una vez más, su crimen y saltó.
En el piso de abajo, una niña lloraba. Desconsoladamente. Aquel sucio gato de la calle había vuelto a zamparse su tarta de cereza.


lunes, 4 de enero de 2016

PLASTIQUITO DORADO

En qué momento de la educación de su niña habían empezado a equivocarse es algo que nunca alcanzarán a entender. Tras un embarazo arrullado por todo tipo de técnicas de meditación y arteterapia siguió un parto en el agua. Orgásmico y con una doula hindú y centenaria canalizando la energía. Después vino la alimentación ecointeligente y la escuela Montessori.
- "Mañana nuestro regalo es regalar, pequeña. ¿Ya has coloreado tu mandala para los niños refugiados?" le preguntaron sus padres la noche de Reyes, los tres huyendo del mundanal ruido de las Carrozas Reales.
- "Hice algo mejor. Fabriqué un plastiquito de esos que lo enseñas y hasta la vida compras. Dorado, pequeño, así como el tuyo, papá"


sábado, 6 de junio de 2015

UN WINDSOR PERFECTO


El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía. Vete, repetí. Y escuché el primer golpe sordo. Después un pitido. Vete. Y un gusto metálico en la boca. El pestillo de la habitación de Paula se cerró. Sonreí. No vuelvas. Y ya sólo hubo caballos al galope hollando mis costillas, avispas enjambradas en mis ojos, líneas rojas que se vuelve curvas y se expanden. Como las algas que invaden sin piedad las playas. Eso fue lo último que pensé antes de sentir un tacto de seda tibia rozando mi cara. Busqué a ciegas. No controlé la fuerza, agente. Mi madre siempre lo decía: "Hija, nudo apretado, hombre consquistado" Y él odiaba llevar la corbata torcida.

jueves, 4 de junio de 2015

Bajo el ala



Cuando él confesó que el arma del crimen había sido un borsalino negro, nadie le creyó. Meses antes, ella salió del trabajo sola. Sola comió y asolada leyó la prensa mientras removía un café. Largo y solo. Después vino el golpe al doblar la esquina. Aquel hombre tan joven se levantó, se colocó el sombrero apresurado y le ayudó a levantarse del suelo.
El encontronazo dio lugar a los encuentros. Las bocas enlazadas combatieron el pecho hueco de ella y las habitaciones con monstruos de aquel joven que sólo se quitaba el sombrero cuando se amaban a oscuras. Una noche él entró en el baño y encendió la luz. En su redonda alopecía, ella distinguió dos manchas. Dos alas marrones. Como las que tenía su hijo cuando le parió. Muerto, le dijeron.
-Ponte el sombrero y vete- susurró antes de caer, desplomada, sobre las baldosas grises.